viernes, 5 de octubre de 2007

El contenido de unas lágrimas

Sin duda alguna vertimos lágrimas como respuesta a una determinada situación emocional, ya sea alegría, tristeza, impotencia, rabia o dolor.
Toda la vida desde niños, nos han inculcado que llorar es algo que los niños (varones) no hemos de hacer, siempre haciéndonos creer que solo lloran los débiles y las niñas.
Seguramente que esta recomendación proveniente de alguna retrograda mente masculina no ha sido una premisa en mi vida a la hora de dejar correr mis emociones libremente, pero no voy a engañarme, en más de una ocasión seguramente por vergüenza, seguramente dejándome influir por todo esto, que casi diría que es inherente en el hombre, he contenido mis lágrimas, sin ir más lejos en situaciones tan banales como el final de una película en el cine o incluso en casa, donde uno se siente más cómodo y seguro.
Realmente no se si lloraré al final de alguna película, algo que cada vez es menos probable dado el nivel cinematográfico, lo que sí se es que llorar me ha ayudado en momentos difíciles, en momentos en lo que las lágrimas se convierten en tu único medio de consuelo, llegando a un alto grado de intimidad con ellas y ellas contigo, siendo simplemente una gotitas de agua y sales que salen de nuestros ojos y se desprenden por nuestras mejillas, acometen una labor emocional maravillosa. Uno tiene la sensación que con cada lágrima se desprende una pequeña parte de tus emociones y cuando estas se agotan llega la calma, la paz momentánea capaz de dejarte sumergido en la más absoluta relajación, de hecho tras el llanto de un niño este probablemente acabe dormido.
Maravillosas lágrima que gran labor hacéis, que injustamente os hemos tratado los hombres, aún sabiendo que siempre podemos contar con vosotras.

No hay comentarios: